Sunday, March 13, 2011
(O EL CINISMO CONTRADICTORIO DE LA SOCIEDAD PROGRE)
EXCELENTE COLUMNA DE GONZALO ROJAS
Las relaciones entre los padres y sus hijos recién nacidos constituyen sólo la segunda etapa de un largo vínculo que ha comenzado nueve meses antes y que -en es- te tema sí que sí- sólo la muerte termina rompiendo.
El problema es que en muchas dimensiones sociales -en la familiar también- se vive en Chile de modo algo esquizofrénico. Pasa en la relación entre los días de estudio y el fin de semana de carrete en el alumno universitario; sucede en la comparación entre candidato simpático y parlamentario ya electo, pero totalmente apático; se aprecia en el afectuoso jefe de hogar vespertino, que se ha comportado durante el día como un despótico jefe laboral. Esquizofrenias.
Hay también otras fracturas, las que afectan específicamente la relación entre padres e hijos, ese vínculo tan claramente reforzado por el posnatal. Sea cual sea la mejor solución respecto de plazos y de montos, quienes discuten afirman buscar las mejores condiciones para el desarrollo de los afectos y de los cuidados parentales y maternales.
Pero eso no es completamente cierto. No lo es, porque la mayoría de los criterios y de las políticas vigentes afectan gravemente, de modo esquizofrénico, la adecuada relación entre padres e hijos.
El despliegue hace más de 40 años de una campaña de control de la natalidad -de la que se enorgullece el presidente actual de la DC- daña sutilmente el vínculo entre los padres y aquellos hijos estrictamente planificados, casi de planilla Excel.
A su vera, el crecimiento estadístico de la mentalidad abortista muestra cómo se incentiva a las madres a discriminar entre quiénes podrán ser finalmente amamantados y quiénes irán al tarro de la basura. Por cierto, dentro de esa esquizofrenia, está aquella otra, más sutil: la hija, que fue criada por su madre, no necesita consultarle ni a ella si a su vez puede eliminar a su propia hija... el día después.
Y todo esto, bien adobado con el despliegue de la campaña antimatrimonial, porque no se trata ya sólo de una difusión del divorcio, sino de una promoción de la simple junta. En el "no te cases", en el "no te comprometas", en el "sólo convive mientras te guste", está el llamado esquizofrénico a privar a tu hijo de la seguridad más elemental complementaria a su lactancia materna: la que dan un hombre y una mujer, quienes, después de procrearlo -y desde su propia debilidad-, se comprometen establemente a fortalecer al tercero más desvalido.
Y, por cierto, súmale el divorcio, gran progreso de la esquizofrenia, porque al mismo tiempo que llamas a los padres a implicarse más y más en los cuidados del niño, más los animas también a mandarse cambiar en cuanto les parezca que esa misma carga -sí, la mujer o el marido y los hijos comunes- pueda disfrazarse de un "se nos acabó el amor". Tienes que luchar durante meses por sacar adelante a tu hijo, pero en cuanto quieras estás autorizado a dejar de esforzarte para sacar adelante tu matrimonio -dentro del que están, vaya, tus mismos hijos.
Falta todavía. A ese mismo hijo que ha sido criado en su específica sexualidad, numerosas políticas y elaborados programas lo tratarán -a medida que se acerque a la pubertad- como un ser asexuado, simple materia de las teorías del género, y, en algunos casos, peor: lo promoverán como un manojo de instintos, emancipándolo tempranamente de sus padres, a los que en virtud de ese despliegue convertirá en abuelos a temprana edad.
Triste: cuando el niño tiene apenas seis meses, en las actuales condiciones de la sociedad chilena, ahí sí que comienza a sufrir de verdad.
O se corrigen las mentalidades descritas y se promueven políticas que configuren el posnatal que falta, o el nuevo es sólo una pomadita, casi un placebo.
En las actuales condiciones de la sociedad chilena, cuando el niño tiene apenas seis meses, ahí sí que comienza a sufrir de verdad.
Fuente:Emol.comLabels: aborto, Doble standard, post natal, progresismo, sociedad
